Cine: Avatar
SINOPSIS: Año 2154. Jake Sully (Sam Worthington) es un ex-marine confinado en una silla de ruedas que, a pesar de su cuerpo tullido, todavía es un guerrero de corazón. Jake ha sido reclutado para viajar a Pandora, donde las corporaciones están extrayendo un mineral extraño que es la clave para resolver los problemas de la crisis energética de la Tierra. Al ser tóxica la atmósfera de Pandora, ellos han creado el programa Avatar, en el cual los humanos “conductores” tienen sus conciencias unidas a un avatar, un cuerpo biológico controlado de forma remota que puede sobrevivir en el aire letal. Jake ha recibido la misión de infiltrarse entre los Na’vi, los cuales se han convertido en el mayor obstáculo para la extracción del mineral.
Al fin, después de una gran expectación, alcanzando el mayor hype de los últimos años en el mundo del cine, el eterno proyecto de James Cameron (director de Titanic, Terminator y Solaris entre otras) ha visto la luz. Entre el esbozo inicial del concepto que ha dado forma a Avatar y la presentación en sociedad de la película han pasado casi 15 años, unos 500 millones de dolares de presupuesto (300 millones de euros al cambio) y la evolución tecnológica que hace 5 años permitió a Cameron materializar su particular mundo: Pandora.
Con Avatar, Cameron ha intentado hacer su film de aventuras y ciencia ficción definitivo. No ha escatimado esfuerzos ni medios llegando a crear un idioma para la raza oriunda de Pandora, los Na’vi, recurriendo para ello a un experto equipo de filólogos. Sin embargo, donde se puede apreciar con mayor claridad este ahínco es en el apartado visual.
La intensa búsqueda del preciosismo y la casi enfermiza atención al detalle convierte a Pandora en un mundo de color y movimiento como nunca ha sido visto en una pantalla de cine en la historia. Comentarios del tipo “¡¿pero has visto eso?!”, “¡vaya p***pasada!” o “es que parece real…” revolotean por toda la sala durante la proyección. Es tal el nivel de fotorrealismo que, en el periodo de 161 minutos que dura la película, uno no puede evitar darse cuenta de la boba expresión de ensimismamiento reflejada en su cara y en las de los que le rodean.
Los infinitos colores que inundan Pandora, los increíbles efectos de luz, el vaivén de la hierba al son del viento, incluso la interpretación de los protagonistas a través de sus replicas animadas es literalmente perfecta. Todo ello consigue que Pandora resulte bellísima y al mismo tiempo amenazadora en su fase nocturna, que durante el día se convierta en un mundo que invita a explorar cada uno de sus recovecos y que los humanos aparezcan frente a los na’vi como una raza tosca y despreciable. En conclusión, que uno se adentre en la aventura que le muestran ante sus ojos.
Pero siempre hay algún “pero”.
Mientras que el realismo en el sentido visual hace que llegues a creer que un mundo así podría existir, en el sentido de la ideación del mismo: el argumento, el guión, la cultura e ideología de los Na’vi, … resumiendo: el concepto de la historia, Avatar flojea. Y tampoco se puede evitar una sensación de familiaridad continua. Cierto es que hablamos del género de aventuras y esto no debería ser un gran impedimento para su disfrute pero si baja algunos puntos su valoración final. El paralelismo de los na’vi con la cultura africana es demasiado evidente (la estética de los mismos, las vestimentas, la música tribal, los “ritos”) de forma que James Cameron no llega a conseguir un mundo genuinamente original ni, en definitiva, creíble.
En cuanto a argumento y guión, si bien no tiene porque competir con tratados de corriente más filosófica, Cameron trata de forma excesivamente tópica las, perdón por la redundancia, historias más tópicas del cine, véanse: amor, traición, posterior redención y absolución, valores tradicionales (entiéndase esto en su vertiente positiva y no retrógrada) y sencillez frente a los valores más occidentales y globalizadores, la superación del ser humano, el canto a la naturaleza, la unión social como fuente de poder, etc. Si a esto le sumamos el alarmante tufo en ciertos momentos de la película a la saga ‘Star Wars’ y la caricaturización extrema del ‘malo’ de Avatar nos deja un resultado inferior al que sugiere el mero aspecto visual.
Por tanto:
¿Gran revolución técnica?: Si.
¿Muy buena cinta?: Si.
¿La película del año?: No.
Alex Rubio







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