Violent Soho: Violent Soho

Violent Soho - Violent Soho

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Cuando llega a nuestras manos un disco que refleja tal grado de vitalidad, ferocidad y ganas de darlo todo, es normal que nos sintamos agradecidos de estar metidos en un mundo tan emocionante como el de la música.

Violent Soho es un grupo de esos que puedes imaginar que no van a dejar una fuerte huella en dicho mundo, pero que por contra eres capaz de sentir que gozan de una mayor calidad y talento que muchos de los que están en el podio.

Es de sobras conocida la triste verdad de que los mejores siempre suelen quedar arrinconados por los más mediáticos, y lo más seguro es que en muchos libros musicales de un futuro no demasiado lejano nos encontremos una foto de Nickelback junto a la definición de Rock-Alternativo del siglo XXI, obviando por completo mejores y perfectos representantes del género como pueden ser Pearl Jam, Silverchair o los mismos Violent Soho.

También es cierto que situar a este grupo australiano al mismo nivel que los dos anteriores es algo un poco prematuro y sería mejor esperar a ver cómo van desarrollando su carrera. De momento nos quedamos con su segundo trabajo, lanzado tras una primera maqueta grabada unos pocos años atrás.

Para empezar, y aunque al mismo grupo le disguste que les etiqueten de “revitalizadores del grunge”, la huella de Nirvana en su música es perfectamente reconocible, siendo, tal y como el mismo grupo ha declarado, una de sus mayores influencias. De todos modos resulta curioso el toque “stoner” que le han dado a su sonido, y es que este disco no es únicamente un refrito de sonidos nirvaneros sin gracia alguna.

El grupo se define como “stoner-pop”, y ciertamente es una etiqueta bastante poco discutible. Violent Soho basa su estilo en unos pocos acordes y unos riffs y melodías pegadizas que se quedan clavados en la cabeza sin remedio.

Quizá la canción con más garra del disco es Love is a heavy word, que representa de la mejor manera lo que nos podemos esperar del grupo. Repetitiva pero irresistiblemente pegadiza, con los cambios de ritmo marca de la casa Cobain y una letra que seguramente fue creada sobre la marcha, despreocupadamente y sin pretensiones de gran liricista por parte del cantante/guitarrista, Luke Boerdam.

A lo largo de las diez canciones sobre las que se construye el disco encontramos un poco de todo, aunque siempre siguiendo este esquema de rapidez, suciedad, despreocupación y mala leche. Algunas veces las voces son bastante melódicas, como es el caso de Bombs Over Broadway, y en otras como Jesus Stole my Girlfriend o la ya comentada Love is a heavy word toman protagonismo los gritos y voces desgarradas.

Todo esto forma un disco llevadero y ejecutado a la perfección, con unas guitarras que crujen en parte gracias a una excelente producción y una sección rítmica puramente adrenalínica que consigue que todos los que disfrutamos con grupos como Nirvana o Mudhoney esbocemos una sonrisa de complicidad. Y es que todos, más de alguna vez, nos hemos imaginado siguiendo los pasos de nuestro(s) grupo(s) favorito(s), y ver cómo estos chicos australianos lo han conseguido resulta gratamente satisfactorio.

[89/100]

David Villalta


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